San Baltazar, el santo candombero (crónicas 2015-2021)

(2015)  San Baltazar: ¡Viva el santo negro!

Por Nicolás Fernández Bravo

Si alguien le hubiese sugerido a la folklorista Alicia Querelhiac de Kussrow, pionera investigadora de la entonces escuálida fiesta de San Baltazar, que 40 años después de su trabajo de campo en la provincia de Corrientes, el otrora barrio de los negros del Camba Cuá congregaría a cerca de 35.000 personas para festejar al “santo más candombero que se pueda imaginar”, hubiese afirmado que se trataba de una broma de mal gusto, lindante con la insolencia. Las perspectivas de un proceso de revisibilización afroargentino en el llamado “interior” de la Nación, en esa década marcada por la violencia política, parecían sencillamente inimaginables.

Pero el mundo (del cual Corrientes es parte) ha encontrado novedosas formas de relacionar la memoria popular con las representaciones públicas, y “lo afro” se ha transformado en un vehículo inigualable para transmitir mensajes masivos. Corrientes no sólo cuenta con una revitalizada fiesta, sino que además, posee un extenso circuito muralístico que incluye en su recorrido, desde el año 2012, una veintena de obras dedicadas a los afrodescendientes.

Celebrado a lo largo de 4 agitados y agotadores días, San Baltazar fue el eje de una serie de espectaculares intervenciones musicales: candombe, chamamé, salsa, rumba y latin jazz. Fiesta, sangría y chipá m’bocá hasta entrada la media noche de la calurosa ciudad de las siete Corrientes. Las figuras de San Baltazar acompañaron la fiesta a un lado del escenario montado para los artistas, allí donde las familias tenedoras de media docena de Santos instalaron un significativo altar al aire libre para recibir la visita de los fieles devotos (y cada vez mas, a los afro-turistas). Bajo la coordinación de la familia Caballero, la procesión del día 5 de Enero rememoró la forma en la que una de las históricas dueñas de Santo, la Sra. Mercedes Vedoya, supo dar inicio al festejo público: con un disciplinado desfile de las imágenes de Santo, custodiadas por la banda de la Policía local. El sentido de esta participación fue objeto de especulaciones variopintas. Según una asistente “histórica”, su presencia se debe a que la propia Mercedes había trabajado para el departamento de policía de Corrientes, y quién sabe si su decisión no admita más de una lectura – del mismo modo que un libro como el de Querelhiac, publicado por la Secretaría de Estado de Cultura del gobierno genocida de Jorge Rafael Videla, también tiene que ser leído más allá de su errado diagnóstico, su cuestionable carácter descriptivo y su incómoda casa editorial.

Como era de esperar, el plato fuerte se presentó al cuarto día: el 6 de Enero, día de los Reyes Magos. Los Santos fueron trasladados hasta la Iglesia de La Merced para, una vez terminada la misa de la tarde, regresar en procesión hasta el altar, acompañados por devotos y promeseros, candomberos y turistas, niños aguardando sus regalos y funcionarios del poder público, vecinos curiosos y no pocos “ólogos”. Todos enmarañados en una sudorosa communitas cambacuacera rodeada de velas, remeras, guirnaldas y capas de bordes dorados con la dominante presencia del color rojo – el color de mandinga. El ingreso de la columna candombera, anunciado por altoparlantes en un híbrido de reminiscencias religioso-futboleras, fue celebrado hasta el paroxismo: unos 20 tambores fueron directamente hasta el altar para coronar al Rey (un vecino del barrio), acompañados por cantos y danzas durante casi una hora en la que el escenario “principal”… dejó de serlo. ¡Viva el santo negro! ¡Viva San Baltazar!

El mega show cambacuacero, no obstante, dejó de lado a varias familias tenedoras de santo y a un conjunto de localidades en donde también se le rinde tributo a San Baltazar. Intrigados por el lugar que estos santos puedan ocupar en un futuro cercano, hay quienes se preguntan por las implicancias que tendría otro ‘alegre rescate’ de una pequeña embarcación fluvial, mediante el envío de un poderoso submarino nuclear – del mismo modo que en su momento se inquietaron por la heroicidad de los rescatistas de licencia pública y usufructo privado.

Los procesos de revisibilización largamente reclamados por los activistas afro los han transformado, y se han transformado a sí mismos, en preciadas mercancías políticas. De este modo, lo que parece “progresista” en un contexto, puede ser “conservador” en otro, y viceversa. Las recetas de las políticas de la identidad, acaso tengan que ser construidas con mayor atención a la compleja realidad correntina, donde la religiosidad popular se ha transformado en una verdadera industria de sofisticada organización e insospechados intereses, como lo demuestra la vecina celebración del Gauchito Gil, en la localidad de Mercedes.

En su número 4 del año 2005, el Boletín del Instituto Correntino de Ciencias Genealógicas provee una sugerente entrada para pensar estas alteridades provinciales: tal es el caso de la genealogía de la tradicional “parentela” de Raymundo Molinas, un próspero comerciante español que en 1805 contrajo matrimonio con la correntina Juana María Dolores Vedoya, ambos apellidos devenidos en “cambá caté” (tradicionales). El Boletín aspira a identificar a la cultura argentina, como indica el estatuto del Instituto, con “los estudios genealógicos especializados, para reafirmar la continuidad espiritual de nuestros orígenes a través del período hispánico, hasta la actualidad”. Una búsqueda de filogenias de pureza hispánica que el festejo a San Baltazar viene a poner en entrevero y cuyas huellas tal vez se puedan reconstruir desde lugares como la Casa Molinas.

Sin embargo, el Museo Casa Molinas pasó a ser desde hace pocos meses, la sede regional del Archivo de la Memoria, arrebatándola así de su pasado oligárquico. Los denodados esfuerzos realizados por la arqueóloga correntina Belén Zaninovich en pos de echar luz sobre la tradición esclavista de los Molinas y las formas de resistencia cultural de los esclavizados, aparentemente no fueron suficientes para incluir en la agenda del Archivo, a su vez, el patrimonio material de esa memoria otra. El actual estado de la situación (¿o la “situación en la que está el Estado?”, como se preguntaba Mafalda) indica que hay memorias patrimonializables, y memorias apenas festejables. Cabe preguntarse entonces sobre qué elementos –una vez terminada la fiesta– podrán los correntinos reflexionar sobre el legado de los descendientes de africanos y su relación con el presente. Mientras tanto, ¡que viva el santo negro!

Todas las fotos son de Nicolás Fernández Bravo, a excepción de la cuarta (en la iglesia) que fue publicada en el facebook de Miguel Cabrera, subsecretario de Cultura y Turismo de la Ciudad de Corrientes.

Texto publicado originalmente en el blog DIVERSA

(2016)  El Santo Cambá y el Carnaval Caté: in-visibilidades y re-significaciones de la cultura afro-correntina

por Cleopatra Barrios. Fotografías: Gerald Desmons

Entre el 22 de enero y el 14 de febrero se desarrollaron en la ciudad de Corrientes los desfiles y shows de comparsas que formaron parte de la fiesta del Carnaval en su edición 2016.  En ese marco, llamó la atención que la comparsa Sapucay (1)eligió como tema para representar en su espectáculo: el “Santo Cambá” (2). También resultó  significativa la participación de integrantes de la Cofradía de San Baltazar con una de las tallas del santito negro de la familia Caballero en algunas noches del desfile; como así también el agradecimiento con toque de tambores, canto y danza que le ofrendaron los comparseros al ganar la competencia de corsos al santo “más candombero que se pueda imaginar” en su altar del barrio Cambá Cuá (cueva de negros).  Estas escenas despertaron preguntas y vinculaciones muy sugerentes entre temas/ problemas que me llevaron a revolver el archivo, bucear entre diversos textos y a dialogar con  Osvaldo Caballero y su hija Gabriela como referentes involucrados. Algo de las anotaciones resultantes aquí les comparto.

El carnaval caté

En abril de 1966 apareció en el número 35 de la Revista Panorama una nota de tapa que lleva por título «El drama de ser negro». En el índice la editorial anticipa el abordaje del «rencor acumulado por los negros a través de los siglos (…)». Es una nota enviada por David Deferrari desde Estados Unidos que analiza cuestiones vinculadas a la discriminación de los afro-americanos y sus manifestaciones de lucha  pública por la igualdad de derechos.

En la misma edición se publica una magistral crónica de Rodolfo Walsh titulada «Carnaval Caté». El texto presenta, a través de un contrapunto de descripción de escenas, datos del contexto socio-político y económico y exposición de voces los protagonistas, una mirada periodística-literaria sobre las rivalidades entre comparsas y las contradicciones que planteaba el carnaval correntino desenvolviéndose fastuoso frente a la catástrofe de las inundaciones que padecían los sectores marginales en ese mismo momento.

Resulta interesante observar cómo en esa publicación confluyen diferentes aristas acerca de la in-visibilización/estigmatización de los afrodescendientes y la relación escindida entre el carnaval caté y el carnaval popular que tenía en el candombe afro una de de sus fuentes de expresión. Estas historias de des-vinculaciones  volvieron  a actualizarse con otras connotaciones en la agenda mediática y en nuestros intereses con la representación de San Baltazar/San Baltasar en los corsos correntinos, considerados  como uno de los más lujosos del país.

Siguiendo a Walsh, el mote «caté» refiere al carnaval que la lleva adelante «gente rica, despreocupada, caté (bien)».  Ese status económico y social «elevado», que se traduce en el desfile de carrozas imponentes, trajes caros y  lujosos y en la presencia de comparseros  asociados a apellidos de la clase pudiente local,  marcó desde el inicio de la competencia de comparsas hacia la década de 1960 una distancia entre la competencia de comparsas “elegantes”  y  el carnaval popular de los barrios que en los años cincuenta comenzó a decaer.

Una integrante de la comparsa Copacabana, que se refería a los orígenes de ese carnaval de la “gente bien” en el relato que transcribe Walsh,  acota:   “Las comparsas las hicimos las chicas, porque cuando llegaba el carnaval los muchachos se iban a los barrios a bailar con las negritas”. Con esta sugerente me dispongo a dialogar con la familia Caballero que es la coordinadora de los festejos que se realizan en honor a San Baltazar del 6 de enero en el parque Cambá Cuá de la ciudad; así como de diversas actividades públicas que desarrollan los integrantes de la Cofradía, incluyendo la participación con la imagen del santo en el corsódromo local.

-Ahí ve usted que la sociedad siempre fue y sigue siendo discriminatoria –dice Osvaldo Caballero  apenado y recalcando el tono despectivo de aquella frase de la comparsera citada por Walsh-.

-Ni el propio correntino le quería al chacarero. Nos censuraron la lengua y nuestras formas de cultura. Particularmente, el hombre negro no era nadie. Te digo más, hasta un perro era algo, el negro nada. Y en realidad el negro hizo mucho acá. Construyó las casas, trabajó en el campo –agrega-.

Angélica Insaurralde y Osvaldo Caballero de la Cofradía de San Baltazar ingresan al corsódromo en carroza de Sapucay

La conversación nos lleva a recordar los textos que construyeron la historia de Corrientes desde su fundación en 1588. Incluimos hasta los documentos de la iglesia católica que hacen alusión a la cultura correntina como una suerte de “la síntesis de la cultura española y guaraní unida por la fe cristiana” y aunque buscamos la referencia a la cultura negra, no encontramos.

– Desde la escuela también nos enseñaban que Corrientes surgió por “la unión de dos culturas”, la española y la indígena guaraní. Y yo me preguntaba ¿y los negros? Por eso nosotros ahora trabajamos  por la recuperación de la memoria de nuestros ancestros –señala-.

En el relato Caballero también hace mención a cómo el hecho de reflotar la devoción a San Baltazar que se creía perdida en la ciudad con “festejos públicos” que involucran a otras instituciones y organizaciones sociales, incluido el gobierno municipal, la iglesia, la banda de la Policía, conjuntos musicales  diversos  y también agrupaciones de comparsas,   visibilizó la cultura afro-correntina y facilitó llevar adelante otras acciones reivindicatorias (ver el texto de Nicolás Fernández Bravo en este blog).

-Se logró que pusieran la cara de los negros en los murales del barrio que cuentan la historia de los orígenes Corrientes y donde no figurábamos – dice-. También está la instalación de la ermita de nuestro santo en el parque y señaléticas que ahora por lo menos marcan en algunas casas la presencia negra.

La imagen de San Baltazar de la familia Caballero preside el desfile.

San Baltazar y los afrodescendiente en Corrientes

Las historias de los afrodescendientes  silenciadas configuran en las palabras de Caballero una herida abierta. Más aún cuando insiste en varios tramos de la charla que “el negro no era nada”, recuerda los vejámenes padecidos por los ancestros y hasta me invita a ver el film Libertad, un drama sobre el precio de la libertad en tiempos de esclavitud.

Una reconstrucción histórica que hace Fátima Valenzuela, a partir de diversas fuentes del siglo XVIII y XIX y plasmada en diversos artículos, señala que el afrodescendiente fue “un bien que legitimó un status social y económico de la elite correntina” porque era intercambiable, vendible hasta heredable como cualquier otro objeto de propiedad.  Incluso indica que se podía inferir las diferencias económicas entre los “amos/dueños” según la cantidad de sirvientes negros que poseía.

Al respecto,  Caballero  insiste enfático que aunque la Asamblea de 1813 declaró la libertad de vientre y la Constitución de 1853 estableció la abolición de la esclavitud las formas de sometimiento continuaron  ingresado el 1900.

En este marco la figura de San Baltazar aparece como refugio y lugar de re-construcción y re-visibilización de la identidad afro en Corrientes. Si bien la devoción al santo negro comenzó como una imposición del clero y la corona española a mediados del siglo XVIII, y de allí la fundación de la Cofradía de San Baltazar y Ánimas en 1772 en Buenos Aires, ella también desarrolló rasgos y prácticas propias de la cultura negra.

Escuela de samba de Sapucay y Gabriela Caballero junto a la imagen de San Baltazar.

Así, en medio de la dominación y la hegemonía de las representaciones religiosas católicas más ligadas al sacrificio, la penitencia y el recogimiento, las prácticas  en torno al rey mago Baltazar reconfigurado y devenido en el San Baltazar de los negros expresaron formas diferenciadas de fe. Entre ellas sobresalen modos devocionales vinculados a la alegría y la liberación, el toque de los tambores y la danza como un modo de conexión espiritual con la divinidad.  Estas articulaciones, también complejizadas por otros mestizajes donde la herencia guaraní es muy relevante en la provincia de Corrientes,  produjeron lo que en varios textos Pablo Cirio denomina “sincretismo sui generis”.

Sin embargo, esa fiesta que realizaban los afrodescendientes correntinos en honor al “patrono de la alegría y la diversión”, y que englobaban más bien prácticas paralitúrgicas porque este santo no está canonizado por la iglesia,  tenían un carácter más bien “intimo” porque no se hacía en un espacio público.

Cuenta Osvaldo Caballero que la danza y la música se ofrecían luego de navidad y hasta la jornada central del 6 de enero en las casas de familia y cuando fallecía el “dueño del santo” también dejaba de hacerse la fiesta.  Por este motivo cree que hacia mediados del siglo pasado estas prácticas devocionales empezaron a desvanecer. Específicamente habla de la ciudad de Corrientes porque en otras localidades se plantean historias con más continuidad. Así surgió un proyecto de “rescate” y reivindicación de la cultura afro junto a la devoción del santo cambá.

– Hace 22 años por la iniciativa de don Fortunato Roffé reflotamos la celebración de San Baltazar. El hizo un pregón para tener la fiesta pública y desde 1994  comenzamos a hacer la fiesta en el parque Cambá Cuá.

– Cuando realizamos la primera fiesta nos habremos juntado alrededor de 80 personas. Hoy no te puedo decir cuántos pero son miles. Vienen de de todos lados a agradecer y a compartir  con  nosotros. Llegan de las provincias de la región y también vinieron de Francia, Holanda, Venecia, Paraguay, España, Polonia, Colombia y otros –sigue su relato Osvaldo-

Gonzalo Córdoba, director de batería de Sapucay junto al santito – Gabriela Caballero ofrenda candombe a San Baltazar

San Baltazar, santo candombero

En las memorias aquí apenas bocetadas también llaman la atención las  referencias continuas a las vinculaciones/des-vinculaciones históricas entre los corsos lujosos de la competencia de comparsas que introdujo  la clase media-alta en los años  sesenta y  el espíritu festivo del carnaval popular marginalizado como manifestación  muy ligada al candombe y a la religiosidad de los negros.

-La expresión carnavalesca de las comparsas grandes tenían un tinte de elite. Pasaba gente de alta alcurnia –recuerda Caballero- Pero primero fue sin música. Paseaban por la avenida con sus carrozas sin música. Y la expresión vinculada a la música nace de la negritud, de acá, del Cambá Cuá. Tampoco es casual que  la fiesta de nuestro santo es el 6 de enero y un poquito después comienza el carnaval –

– Don Roffé por ejemplo era comisario de corso y por los contactos que tenía él nos ayudó en la logística para organizar la fiesta de San Baltazar en el parque Cambá Cuá. Después está el reconocido músico Osvaldo Sosa Cordero que compuso música de carnaval en los años sesenta, también chamamé y candombe  con letras que refieren a nuestras fiestas y cultura, como el tema “Cambá Cuá” porque él seguramente participaba allá por los años veinte o treinta –sostiene-.

Llegados a este punto de la charla me pregunto si es posible pensar que son las relaciones entre aquel carnaval popular, apagado en su momento por las luces del “caté”,  y el espíritu festivo del candombe las que vemos recobrando  vitalidad y visibilidad en los últimos años tanto en el escenario central de  la fiesta en honor a San Baltazar, como también en los desfiles y shows de comparsas que cuenta con participación de los cófrades.

-Muchos integrantes de la comparsa Sapucay son devotos de San Baltazar. La mayoría de los que tocan la batería. Ellos suelen participar con el toque de los tambores en nuestra fiesta y nosotros los nombramos cófrades -comenta al respecto Osvaldo.

Carroza camellos de reyes magos

De este modo, las escenas revisitadas me llevan  a observar cómo en medio del espectáculo construido al servicio de la industria del entretenimiento y el consumo de masas, y con una fuerte marca elitista en el caso de los corsos, emergen prácticas y representaciones reivindicatorias de las minorías étnicas, como una suerte de reintroducción de repertorios simbólicos antes negados y/o despreciados por la cultura dominante local; aunque habrá que discutir luego más detenidamente el devenir  de los  usos, tránsitos y apropiaciones de dichos repertorios.

-Para nosotros es muy bueno esto desde el punto de vista social y cultural. Nos permite hacer revalorizar la devoción de San Baltazar –insiste Gabriela, hija de Osvaldo, quien a la vez recuerda una participación de la cofradía con la comparsa Ará Berá en 2013 y con Osiris en la última edición de los carnavales barriales.

Gabriela Caballero por su consciente ascendencia afro y  también por ser profesora de artes y licenciada en Folklore se manifiesta en cada evento como una activa candombera. Suele coordinar los grupos de danzas que le rinden tributo al santito negro los 6 de enero y en este verano acompañó a su familia en la representación de la cofradía en el desfile de Sapucay durante tres noches de los corsos.-Para nosotros es muy bueno esto desde el punto de vista social y cultural. Nos permite hacer revalorizar la devoción de San Baltazar –insiste Gabriela, hija de Osvaldo, quien a la vez recuerda una participación de la cofradía con la comparsa Ará Berá en 2013 y con Osiris en la última edición de los carnavales barriales.

Comisión de frente de Sapucay

En una de esas noches, la presentación en el corsódromo  “Nolo Alías” estuvo presidida por la pequeña talla de San Baltazar que la familia Caballero ingresó a la zona de palcos centrales. Allí, los integrantes de la cofradía junto a Victoria Avellanal, quien auspició  de anfitriona por parte de la comparsa,  “armaron el bailecito” al son de los tambores para honrar al santito. Le siguió la comisión de frente liderada por un grupo de mujeres candomberas que se lucieron con su danza y quienes con el portaestandarte y la solista que representó a la “Estrella Guía” de Belén abrieron la interpretación del “Santo Cambá”.

De este modo, entre las marchas de samba, chamamé y algunos temas del pop comercial de moda que matizaron el candombe y la charanda  del  repertorio musical,  la historia  se focalizó en la figura de Baltazar como uno de los reyes magos que celebró el nacimiento de Jesucristo con ofrendas en Belén.

En este sentido,  los grupos coreográficos que  enfatizaron el trabajo de la expresividad corporal y gestual a lo largo de  los cuatro bloques de la puesta en escena, refirieron a la navidad, la noche previa de reyes en el barrio Cambá Cuá, los sueños de una niña con los regalos, la llegada de los reyes del oriente con sus camellos representados en una de las carrozas centrales, las ofrendas. Otra serie de pasajes que referenciaron el sincretismo religioso correntino y en los últimos cuadros sobresalió la representación del Santo Cambá Baltzar separado de Melchor y Gaspar; es decir como santo individual en la interpretación de Diego Ojeda que lució un imponente traje y espaldar de plumas en color rojo y apliques dorados. La presentación de esta figura y la de  Carlos Lancieri que representó a “Mama vieja” q antecedieron el cierre del espectáculo a cargo de  de la escuela de samba.

Aunque algunas voces remarcaron  la preponderancia de una representación muy apegada al relato bíblico de los tres reyes magos y a la historia más comercial del pesebre navideño, donde el  protagonismo del Santo Cambá se desdibuja y tiende a perder su carácter afro, Osvaldo y Gabriela Caballero no repararon en ello.  Por el contrario, resaltaron el “respeto” con que Sapucay interpretó “acertadamente” el “espíritu festivo” y  “la alegría de la danza con el tambor” que caracteriza al modo devocional de la cultura afro-correntina.

Culminado el desfile, el domingo 15 de febrero solo restaba conocer los ganadores de la competencia de comparsas. Sapucay sumó los votos necesarios, logró revalidar su título de 2015 y los festejos de sus integrantes por el nuevo campeonato que se focalizaban en las puertas del escrutinio se trasladó al altar del santito negro de la familia Caballero en el barrio Cambá Cuá. Allí sonó repetidas veces el samba enredo con que la comparsa representó al Santo Cambá.  También se observó reverencias y baile a modo de ofrenda mientras la imagen del santo negro, que era sostenido con las manos en alto por las mujeres de la familia Caballero, se hacía ver por encima de las cabezas decenas de comparseros devotos y simpatizantes  entusiastas y agradecidos.

El santo más candombero preside el desfile de comparsa

San Baltazar y el imaginario social correntino

A modo de cierre y sin ánimos de ser concluyente puedo señalar que del diálogo con la familia Caballero, de los textos y las escenas observadas se desprenden varios elementos que conectan permanentemente con las matrices históricas de la colonización española-blanca-católica del imaginario social correntino. Se trata de un imaginario que se construyó en la intersección de representaciones de la “raza”, la clase y otras aristas de la diferencia y desigualdad, que actuaron y aún actúan modelando, reproduciendo y naturalizando formas de invisibilización, clasificación y regulación de la vida social.

Dichas vinculaciones quizá permiten dotar de mayor historicidad y asignarle significaciones más densas y situadas a las insistentes acciones públicas de reivindicación socio-cultural que llevan a cabo los “cambacuaceros” correntinos y que parecen haber encontrado en la figura de San Baltazar más que un símbolo religioso  una “bandera de comunidad”  para visibilizarse. A su vez, este icono que busca hacerse lugar en los relatos de la correntinidad mas anquilosados (la provincia creyente católica y tradicional,  la provincia del chamamé y el carnaval),  se plantea altamente performático  al punto que sus usos y  apropiaciones rebasan el campo de las danzas celebratorias propias del día de San Baltazar (del 6 de enero) para trasladarse a otros días y otros escenarios;  y mezclarse, contaminar/se con otros campos políticos, artísticos, socio-culturales.

Está claro que el proceso es bien complejo e invita a seguir de cerca las condiciones y las relaciones de poder  que atraviesan los trayectos de esas apropiaciones, a su vez observar en mayor detalle los términos en que una alteridad histórica logra o no articular intereses de representación en el campo de los relatos  legitimados y legitimadores (de la nacionalidad y /o la correntinidad),  la producción masiva, el espectáculo y el mercado, entre otros.

Notas

1- Sapucay (grito en guaraní) también es conocida como la comparsa del gallo (por la figura del gallo de la alegría que los representa). Nació hacia 1979 y en este 2016 logró su noveno campeonato en la competencia de comparsas. Cuenta con alrededor de 500 integrantes y es una de las comparsas más grandes y reconocidas del carnaval correntino junto a las históricas Ará Berá y Copacabana. Se pueden ver los videos de su producción 2016 relativa a San Baltasar en youtube (desfilemúsica y letra del enredo y anticipación del tema)

2- «Santo Cambá» (santo negro) hace alusión a San Baltazar o San Baltasar canonizado por la devoción popular ya que la iglesia católica lo reconoce como un Rey Mago junto a Melchor y Gaspar pero no como santo individual.  Si bien, esta devoción resultó muy extendida en la provincia de Corrientes desde la colonia, recién en las últimas décadas cobró visibilidad. Se destacan actividades desarrolladas por los integrantes de la Cofradía de la ciudad de Corrientes donde más de 10 familias poseen imágenes: Ramírez, Encina, Galarza Godoy, Torres Ruda, Santamaría, Silberman, García, Zarza, Fernández y Caballero (según el registro Gabriela Caballero). Las celebraciones más conocidas del interior provincial tienen lugar en Concepción de Yaguareté Corá, Bella Vista, Empedrado y Goya. Cada fiesta plantea modos devocionales particulares. Un caso muy peculiar es el que se desarrolla en el paraje El Batel, departamento de Goya, donde los promeseros participan de un baile de máscaras, portan trajes ceremoniales específicos y hablan en falsete para no ser reconocidos. El documental “El santo de los cambá” dirigido por Sebastián Toba plantea una interesante aproximación a esta celebración. El trailer puede verse aquí. Se pueden consultar también los trabajos del antropólogo Pablo Cirio, aquíaquí y aquí.

Texto publicado originalmente en el blog DIVERSA

Altar del Parque Camba Cua

(2019)  El San Baltazar que llegó en bicicleta

por Manuela Rodríguez (UNR/CONICET) (texto y fotos)

Corrientes

El panorama correntino, para una antropóloga ávida de nuevas experiencias, es muy generoso. Uno llega para conocer un rito, pero se encuentra con varios más, paralelos, que se atraen y se repulsan, como las corrientes, como las siete que tiene.

Durante la fiesta celebrada para el Santo Rey Baltazar, que este año duró dos días, el sábado 5 y el domingo 6 de enero, ocurrieron por lo menos cuatro situaciones en paralelo y en espacialidades diferentes.

La primera se ubicaría en un altar extenso, al lado de la ermita construida en el parque Camba Cuá, en el cual  se acomodaron los “santitos” de las familias que conforman la Cofradía, catorce en la actualidad, dirigida por la familia Cavallero. Allí se santiguaron muchos -algunos promeseros, otros no- y fue el centro de atracción de danzantes y tamboreros en varios momentos de la fiesta, el lugar donde se le rindieron honores, saludos y se pidieron deseos. Fue, por ello, el espacio hacia donde se dirigieron las diferentes comparsas en el transcurso de ambos días.

Escenario principal, parque Camba Cuá

La segunda podríamos situarla en el escenario montado por la municipalidad, en el mismo parque, en donde se fueron sucediendo los distintos espectáculos, mediados por la voz de un locutor que animó la fiesta ante unos cuantos miles de personas sentadas en semicírculo, con sus reposeras, tablones y sillas. Allí transcurrieron la tardecita hasta pasada la medianoche. Este espacio estuvo en constante relación con el altar, pues allí estaba Gabriela Caballero, referente de la Cofradía, que iba y venía para anunciar y coordinar los distintos momentos del evento. Si bien este fue un año especial -pues se cumplieron las bodas de plata, los 25 años de “empoderamiento y reivindicación de los festejos de San Baltasar”, en palabras de Gagri, como la llaman sus amigos-, el escenario ha perdido dimensiones si se lo compara con el de años anteriores.

Evidentemente el cambio de gobierno se ha hecho sentir, lo que no concuerda con las palabras que pronunciara Eduardo Tassano, el actual intendente, en la conferencia de prensa, en la cual manifestó su deseo de transformar a Corrientes en una ciudad de eventos que asocien “la cultura y el turismo”. Como sea, en este escenario se sucedieron grupos musicales (de folclore, con mucho chamamé, pero también música cubana, colombiana, reggae y dub), ballet y academias de danza folclórica y contemporánea (que presentaron coreografías en base a toques de orixás). Además, se presentaron el “Semillero pequeños devotos”, que consistió en la entrega de globos plateados a los niños vinculados a la Cofradía; el homenaje al comisario Aguilar, recientemente fallecido, que acompañó muchos años el festejo; la presentación de Ubuntu, la cuerda de tambores de la Cofradía que tocó varios temas junto a distintos invitados; y el cambio de capa de los santos, ritual que se hace cada diez años aproximadamente.

Ensayo de Camba Cuá Candombe

En tercer lugar habría que señalar las calles del barrio propiamente dicho, el Camba Cuá, más específicamente en la casa de Uli Gómez, referente de la comparsa Camba Cuá Candombe, en donde se reunió un grupo muy numeroso de percusionistas, bailarines y curiosxs. De allí salió la comparsa, que para esta fecha reunió unos cuarenta tamborerxs y misma cantidad de bailarinxs, para recorrer las calles del barrio, saludando a los santos que otras familias tienen en su poder. Familias que han decidido no sumarse al festejo en el parque por motivos que aún desconozco en profundidad, pero que intuyo, a partir de algunos comentarios al pasar; tema al cual volveré más adelante. En esta oportunidad la comparsa se detuvo frente a tres casas, que habían sacado sus altares a la calle. Junto a grandes parlantes que amplificaban el sonido de una guitarra y un acordeón, hicieron los toques de candombe uruguayo, charanda y chamamé, con sus respectivos cortes y algunos cantos. Por este desfile deambulaba también el vicegobernador, perseguido por las cámaras de diversos medios. Este recorrido finalizó en una esquina del parque, donde esta comparsa se encontró con la de Ubuntu, para desfilar juntas hasta el altar mayor. Mientras cruzaban el parque en diagonal, la gente que estaba sentada mirando el escenario se fue sumando, generándose un pasillo tumultuoso, eufórico, de altos decibeles, que culminó frente a los santos. Allí se mezclaron con el sonido estridente de La pegada, el bloco de Samba Reggae de Rosario que había sido contratada para tocar en la fiesta, y que estaba esperando a la columna frente al altar. Luego vinieron los saludos, de Ubuntu, de Camba Cuá Candombe, de las bailarinas, los tambores, y un saludo final con las manos levantadas de todos los presentes, y el repiqueteo general: un estallido de felicidad. Así culminó el festejo del sábado en el parque.

Saludo final frente al altar.

Por último, deberíamos registrar lo que está aconteciendo en otros barrios y en otras casas. Por ejemplo, cruzando la avenida 3 de abril, en el barrio San Martín, en una calle oscura, varios vecinos y familiares se reunieron en la casa de Ovidia Juana de Jesús, una mujer de 98 años, con rasgos afros muy identificables, para homenajear a su San Baltazar. Su bisnieta invitó a Uli Gómez, la tardecita del domingo, para que venga a rendirle culto al santo con tambores y danza, una práctica que su familia no hacía antes, pero que ella quiere mantener y avivar cuando su bisabuela ya no esté. Unas veinte personas escucharon y miraron atentas la intervención; luego nos convidaron empanadas. Allí nos despedimos y nos fuimos al parque, para ver las últimas bandas que quedaban en el escenario y que cerraban el festejo.

Altar de San Baltazar en casa de Ovidia Juana de Jesús

El peregrino

En un apresurado y breve repaso de lo vivido en esos intensos días, varias cosas llamaron mi atención. Una corriente, podría decirse, está conformada por el santo. Hay familias poseedoras de santo, algunos muy antiguos, que han pasado de generación en generación; hay promeseros y mucha gente que venera a San Baltazar, de distintas maneras, pero siempre con festejos. Hay, también, una corriente vinculada a un culto profundo al tambor, que no está directamente asociada al santo. Puede que sí, puede que no. Muchos afro-turistas (término sumamente apropiado de Fernández Bravo, ver su texto más arriba) llegan a Corrientes por amor al tambor, y porque allí el tambor ha adquirido santidad. ¿Cómo podría explicarse, si no, que un percusionista porteño haya peregrinado hasta Corrientes para conocer la fiesta y se haya convertido, de la noche a la mañana, en el mismísimo Santo Rey?

Miguel Angel Figueroa como San Baltazar y la reina del Carnaval, en la procesión

Resulta ser que Miguel Ángel Figueroa revolucionó la ciudad en esos días al avisar que estaba llegando desde Buenos Aires en bicicleta. Tanto es así que, en honor a su esfuerzo, la Cofradía le propuso encarnar el traje de San Baltazar que la comparsa Sapucay había confeccionado en el 2016, cuando salió ganadora en los desfiles de carnaval representando un enredo sobre el Santo Cambá, como nos cuenta Cleopatra Barrios en su texto. El mismo traje que el año anterior había desfilado el congolés Boni Ngitukulu Nsumbu, artista plástico y, en ese momento, vicepresidente de la Unión Africana del Cono Sur. Para ese entonces, el Santo fue, literalmente, negro. En esta oportunidad, el color no fue lo más importante, sino la voluntad de un músico por llegar a tierras lejanas.

Así fue como el viernes 4 de enero conocí a Miguel Ángel en casa de Gabriela; juntos compartimos un ensayo de Ubuntu, hablamos de los toques, me contó que era músico y que estaba allí por un amigo, también músico, que le había contado todo lo que estaba aconteciendo en torno al Santo. El sábado nos volvimos a encontrar, luego de los festejos en el parque, pasada la medianoche, en la puerta de la casa de Uli, en un ritual típico de candombe, que bien podría haber sido del estilo de los que viví en Montevideo hace más de 15 años: un relevo de tocadorxs que van dando cuerda al candombe, en especial al uruguayo, y en esta ocasión también al correntino en su versión charanda, mientras distintxs bailadorxs vamos rotando alrededor o al centro de la ronda, hasta el amanecer. Éramos muchos, de Corrientes, Chaco, Rosario y Buenos Aires, y probablemente de varios lugares más; éramos esa turma de candomberxs que ya tiene sede en varias ciudades argentinas, pero con el condimento correntino, que incluye mucha experiencia de baile y de toque por años de entrenamiento en las comparsas de carnaval. Corrientes alojaba así a esta movida afro en ascenso, pero le daba un sello propio: una santidad negra, un Santo Cambá, el santo que preside el carnaval.

El domingo nos volvimos a cruzar y, ante mi sorpresa, Miguel, ataviado de pies a cabeza, había dejado de ser ese músico percusionista en bicicleta para encarnar al Santo de la alegría y los caramelos. Apostado frente a la iglesia La Merced, San Baltazar se sacaba fotos con los niños y con la reina del carnaval: el Rey y la Reina, y los niños, y la Iglesia, y las antorchas, y las comparsas Sapucay y Osiris, con sus estremecedoras batucadas, y los tambores de candombe y el desfile por la calle y mucha gente, el domingo en la misa y luego en la procesión.

Es como si, en una especie de toma y daca, el santo le da santidad al candombe y el candombe le da negridad al Santo. Se dan, pero ¿qué se quitan? No puedo responder esto ahora, pero tengo algunas ideas que tal vez se encuentren al hacer historia.

San Baltazar y reliquias en el altar del parque Camba Cuá

Revitalización y ocultamiento

El relato oficial dice que en 1994, don Fortunato Roffé, un vecino del barrio Camba Cuá, convocó a través de los medios a los interesados en realizar el festejo a San Baltazar. Y que a ese llamado acudieron, entre otros, sus ve­ci­nos “Tony” Cor­tés (pai de santo de Umbanda y Batuque), Jor­ge Ale­gre y Os­val­do Ca­ba­lle­ro. Que se propuso hacer la celebración en el parque, como antes se había hecho en los patios de las casas, y que contaban con tres imá­ge­nes, con­sig­na­das por Cor­tés y Ale­gre, ade­más de una ter­ce­ra con­se­gui­da por Don Rof­fé. Allí se ofi­ció una mi­sa de cam­pa­ña, pa­ra de­jar asen­ta­do que San Bal­tazar era un san­to re­co­no­ci­do por la Igle­sia Ca­tó­li­ca. En esa oportunidad, los tambores para la celebración los aportó Tony, que era quien conocía los toques; en palabras de Uli: fue él quien le enseñó el toque de la charanda, que además era un toque que ya hacían las comparsas de carnaval, o al menos así él lo recuerda.

Aquí aparece, entonces, otra corriente, la de los “cultos” afrobrasileños; y digo cultos y no religiones porque así pareciera que se los diferencia de San Baltazar. Osvaldo Cavallero en varias oportunidades remarcó que hubo que diferenciar esta festividad de los cultos relacionados con “lo oscuro”, y afirmó contundentemente que hay pruebas de que los Reyes Magos fueron canonizados por el Papa León IV en el año 506. Como nos comentó Gabriela, “hace 25 años que sufrimos esa discriminación, pues no saben lo que hacemos”. A ese estigma hubo que exorcizarlo, pues los de afuera (e intuyo que también los de adentro) asociaron los tambores del revitalizado culto a San Baltazar (pertenecientes en un principio a un templo afroumbandista) con una negridad no muy apreciada. Esa negridad hay que negociarla. Desanclar el tambor de la religiosidad afro, para anclarlo en el candombe-carnaval (afro), para luego tornarla parte de la religiosidad católica, parece ser un paso necesario.

El tema es que, una vez hecho el nexo entre tambor-negridad valorada-santidad católica, la legitimidad que profiere el catolicismo cobra también su precio. Pues no resulta inocuo para las camadas jóvenes de candomberos que se hacen presente en Corrientes, pasar de la arenga “viva San Baltazar” a “viva Jesucristo”, como sucedió en una de las casas homenajeadas por la comparsa, la de la familia Ríos, que tiene, además de un San Baltazar, un niño Jesús como reliquias de las más antiguas del barrio. Ese catolicismo popular tiene su barrera de clase, como también la tiene la adoración al tambor.

En definitiva: no todos los ríos llevan al mar; algunos se empantanan, otros rebalsan, a veces refrescan. Lo actual es que la fiesta crece, las aguas se mezclan, y San Baltazar tiene cada vez más seguidores, de distintas frecuencias y dimensiones. Este año tuvo peregrino: un peregrino en bicicleta que llegó para tocar y se fue convertido en Santo Rey. Esto es un indicio de que muchas transformaciones pueden ser posibles, tal vez no con tanta rapidez, o tal vez la velocidad sea parte de la disputa por las transformaciones que pueden y deben darse en el futuro, negociando tiempo, espacio y solidez en los cambios.

Texto publicado originalmente en el blog DIVERSA

(2021)  La caravana del Santo Cambá – San Baltazar en pandemia

por Ana Belén Cavalieri (Becaria de Investigación de la Universidad Nacional del Nordeste) textos y fotos

A partir del 2020, las prácticas de religiosas se fueron modificando por la aparición del COVID-19 a nivel global. Esto derivó en que las celebraciones masivas, que se llevaban a cabo alrededor del mundo, sean suspendidas o adaptadas a la “nueva normalidad” para que los devotos puedan manifestar su fe.

En este artículo vamos a centrarnos en la Festividad de San Baltasar [i], una celebración de religiosidad popular [ii], que se realiza cada año en la capital de la provincia de Corrientes (Argentina) de forma pública desde 1994 (Barrios, 2016). En esta celebración, durante los últimos cinco años, asistían centenares de personas para observar y/o participar de las performances-rituales denominadas “Llamada de San Baltasar” y la “Procesión de Antorchas”. Durante las mismas, se realizaban toques de tambores y danzas afrodescendientes que acompañaban y alababan al santo a través del cuerpo, el canto y la música pero, al igual que muchas manifestaciones de devoción popular, este año fue la excepción por el contexto actual.

La 27° Festividad de San Baltasar, organizada en colaboración entre la cofradía del santo y la Municipalidad de la ciudad de Corrientes, se llevó a cabo desde el 5 al 7 de enero con modalidad virtual. Entre las actividades difundidas se realizaron ciclos de charlas virtuales con especialistas nacionales e internacionales y con referentes del barrio Cambá Cuá [iii], “cueva de negros” en guaraní, que se encuentra localizado en la capital correntina. También, se realizó un “Festival Virtual de Vigilia por San Baltasar” [iv] en la cual se transmitieron números de danza y música de artistas regionales y donde fueron entrevistadas autoridades municipales.

Además, se llevaron a cabo tres actividades presenciales, en primer lugar, una muestra en el Centro Cultural Adolfo Mors, ubicado en el parque Cambá Cuá, denominada “Cronología Histórica de la Cofradía de San Baltasar” donde se expusieron fotografías, ofrendas al santo, publicidades de ediciones anteriores, entre otros. En segundo lugar, se realizó la “Caravana del Santo” a la medianoche entre el 5 y 6 de enero donde la estatuilla de San Baltasar era transportada por Gabriela Caballero, referente de la cofradía de San Baltasar, en la parte trasera de una camioneta policial junto a otros dos devotos y fotógrafos de la municipalidad. De esta forma, el santo recorrió las calles del barrio de los negros (Cambá Cuá) para bendecirlo y saludar a otras imágenes del santo pertenecientes a familias afrodescendientes. Es necesario destacar que, a diferencia de otros años, no se realizaron danzas y músicas con toques de tambores afrodescendientes, solamente antes de que comience la caravana Gabriela Caballero cantó la “Charanda la libertad” de Zitto Segovia. Por último, se realizó la misa en honor a la Epifanía del Señor en la Iglesia “Nuestra Señora de La Merced” donde participaron los Reyes y las Reinas del Carnaval Oficial de Corrientes y de la Comparsa Barrial “Osiris” [v], la Familia Caballero – representantes de la cofradía del santo – y distintos integrantes de la cofradía.

En esta edición, en la que faltaron las tradicionales performances-rituales “Llamada de San Baltasar” y “Procesión de Antorchas”, se pudo visibilizar con mayor magnitud el rol que cumple la Municipalidad de Corrientes en la organización de la festividad. Esto me lleva a preguntarme, al igual que lo hace Nicolas Fernández Bravo (2015), si no hay intereses políticos detrás de la coorganización de una celebración de religiosidad popular, sobre todo, al ser catalogada por José Sand, Subsecretario de Cultura de la Municipalidad de Corrientes, como una “Fiesta Cultural, Turística y Religiosa” durante la transmisión de la Vigilia Online del santo en la edición 2021.

Teniendo en cuenta lo expresado anteriormente, es importante destacar que durante las entrevistas realizadas en el transcurso del “Festival Virtual de Vigilia…” por Felo Ayala, periodista correntino, a distintas autoridades municipales se observaron preguntas y acotaciones por parte del periodista con un trasfondo de campaña política [vi]. Entre las mismas, se destacan: “Si tuviese la oportunidad de ser intendente en la próxima edición de la Fiesta de San Baltasar ¿Qué pondría allí?”, “Sin lugar a dudas hay una decisión política de mantener viva esta tradición”, y cerró la transmisión diciendo “Agradezco a toda la gente de la Subsecretaría de Cultura y a la Municipalidad de la Ciudad de Corrientes que tuvieron esta genial idea de mantener viva esta tradición, la gran tradición de San Baltasar”.

Si nos ponemos a reflexionar sobre el saludo final de Felo Ayala durante la transmisión de la vigilia, podemos darnos cuenta que, en primer lugar, no se menciona a la cofradía del santo que es coorganizadora de la fiesta. Además, en segundo lugar, se realza la imagen política de la Municipalidad atribuyéndole que solamente gracias a ellos esta festividad sigue existiendo. De esta forma, se omite, no solamente, los años de transmisión oral, musical y corporal por parte de los afrodescendientes a lo largo de la historia y que hace más de 27 años son practicadas durante la festividad del santo. Si no, también, de forma indirecta, se omiten los aportes de los africanos esclavizados y sus descendientes a la cultura correntina.

Además, durante el “Festival Virtual de Vigilia por San Baltasar” se podía observar una doble postura/discurso con las frases utilizadas por los presentadores de la transmisión como, por ejemplo, “Felices Reyes” y “Feliz San Baltasar”. En ambos casos, hacen referencia a dos tipos de Baltasar distintos (Cirio, 2000). En el caso del primero, hace referencia a los Reyes Magos vinculados principalmente con el catolicismo y dentro de los cuáles se encuentra el Rey Mago Baltasar. Y, en el segundo caso, este santo es principalmente vinculado a la comunidad afrodescendiente y al cuál se le rinde culto con música y danzas al ritmo de tambor en distintos países de Sudamérica, incluyendo las celebraciones que se realizan en la ciudad y en el interior de la provincia de Corrientes.

Siguiendo lo planteado anteriormente, la doble postura/discurso se puede considerar que directa o indirectamente el gobierno municipal de vincula o prefiere vincular a este santo popular con el catolicismo para que sea aceptado por mayor parte de la población de la provincia de Corrientes y, de esta manera, atraer mayor asistencia y turismo durante la festividad. Además, es necesario destacar que, a lo largo de las últimas 6 ediciones de la celebración a San Baltasar, se observó un crecimiento de discursos relacionados al catolicismo durante la performance-ritual “Llamada de San Baltasar” como, por ejemplo: “San Baltasar que cuando se enteró que Jesús había nacido corrió a su encuentro y también nosotros seguimos a San Baltasar para llegar a Jesús (…) gracias San Baltasar por mostrarnos el camino a Jesús (…)” (Fragmento del discurso realizado en un altar público del santo por parte la representante de la familia Ríos durante la edición de la festividad del santo en 2018) (Cavalieri, 2018).

Por último, este año, a diferencias de otras ediciones, se observó la presencia policial en la “Caravana del Santo”. Como ya mencionamos, el santo iba a bordo de una camioneta policial, pero, también, detrás de la misma hubo una formación de la policía urbana que acompañaban al santo caminando, compuesta por aproximadamente 10 personas distribuidas detrás y a lo largo de la caravana de autos. Esta formación de policías es algo inédito y, podemos considerar, que es de una forma directa o indirectamente de “aceptación” del santo y, yendo aún más lejos con este pensamiento, que el gobierno municipal y la policía nos “permite” celebrar al santo en contexto de pandemia.

Teniendo en cuenta lo expuesto anteriormente, este “permitir” me rememora a los inicios de la festividad donde, siguiendo a Cirio (2002), los grupos de poder (Iglesia, familias de la Elite del Virreinato del Río de la Plata y Virreyes/Reyes) “permitieron” a los afrodescendientes celebrar con sus músicas y danzas originarias solamente si era en honor a San Baltasar o San Benito de Palermo. Claramente, el contexto actual no es similar al del virreinato en el siglo XVIII pero, de forma directa o indirecta, se puede observar a un poder político que a través de la presencia policial esta “permitiendo” celebrar la festividad del santo en este contexto.

En conclusión, la 27° Festividad de San Baltasar brinda un panorama distinto sobre la celebración y la injerencia que tiene el gobierno municipal en el momento de la organización junto con la cofradía del santo. Considero que, al igual que el artículo de Fernández Bravo (2015), es un puntapié para comenzar a repensar esta celebración como una mercancía y campaña política por parte del Gobierno, pero también, a preguntarse cuál es el trasfondo de la “aceptación” del santo y la validación de la festividad como una “Fiesta Cultural, Turística y Religiosa”, como lo expresó José Sand.

Bibliografía:

Cavalieri, A.B. (2018) Festividad de San Baltasar: performances artístico-religiosas de la cofradía de la ciudad de Corrientes. [Tesina de Licenciatura].

Cirio, N. P. (2000). Antecedentes históricos del Culto a San Baltasar en la Argentina: La Cofradía de San Baltasar y Animas (1772-1856). Latin American Music Review. Vol. 21. N° 2. pp. 190-214. Austin: University of Texas.

Cirio, N. P. (2000-2002). Rey Mago Baltasar y san Baltasar. Dos devociones en la tradición religiosa afro argentina. Cuadernos 19. pp. 167-185. Buenos aires: Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano.

Otras entradas sobre San Baltasar/Baltazar en el blog DIVERSA aqui.

Notas:

[i] El nombre del santo puede escribirse de dos formas distintas “Baltasar” o “Baltazar”, en este caso, se decide utiliza la primera opción porque la cofradía del santo de la ciudad de Corrientes, en base a una entrevista de Gabriela Caballero realizada en agosto del 2018, nos comenta que ellos comenzaron a usar la versión con “s” en honor las capillas del santo en el interior de la provincia de Corrientes (Cavalieri, 2018)

[ii] Es necesario aclarar que según una entrevista realizada a finales del 2018 a Gabriela Caballero (referente de la cofradía de San Baltasar) tanto Baltasar como los otros Reyes Magos fueron canonizados por el Papa León IV (Cavalieri, 2018). Debido a que no se encontró fuentes oficiales donde se compruebe dicha canonización y, por otras cualidades que posee esta celebración que no se van a desarrollar en este texto, se prefirió tratarlo como un santo popular

[iii] Las charlas virtuales que se llevaron a cabo fueron “Santo Rey Baltasar. Del África bantú a Corrientes. 500 años de historia” por el Licenciado Norberto Pablo Cirio, “Danzas afrocolombianas” por Víctor Pérez González, “Historias Mágicas de mi barrio” por Raúl ´Piliki´ Suárez y “Espejos Rítmicos del Litoral Argentino y África Occidental” por Rafael Lozina.

[iv] “Festival Virtual de Vigilia por San Baltasar”, es el nombre que figura en la difusión de la festividad realizada por la Municipalidad de Corrientes. Se puede ver la transmisión realizada en: https://www.youtube.com/watch?v=TrppVzF0aas

[v] Es importante destacar que, las figuras de Reyes y Reinas, tanto de las comparsas oficiales como las barriales, son acompañantes del santo cada año durante la performance-ritual “Procesión de Antorchas”.

[vi] Es necesario aclarar que, durante el 2021, se realizarán las elecciones a nivel municipal y provincial en Corrientes.

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