La «negrita» de harina Blancaflor: El problema con los estereotipos centenarios

La empresa Molinos cambió el logo de su harina «Blancaflor», vigente desde 1956, quitando la característica imagen de una cocinera afrodescendiente. El cambio causó un debate social que está lejos de haber finalizado.

Incluimos aquí las opiniones al respecto de Alejandro Frigerio y las de Maga Pérez y Patricia Gomes (aparecidas en una nota de Telam), además de un videito de Alejandro Tuzzi que critica el cambio.

 

La vigencia de estereotipos centenarios  – Alejandro Frigerio (UCA/CONICET/GEALA)

Para entender las imágenes estereotipadas, hay que tener una idea del régimen de representaciones propio de una sociedad -la manera en que las personas que pertenecen a determinados colectivos, frecuentemente colectivos racializados, son representadas socialmente a lo largo de varias décadas, cuando no un siglo o dos…. También hay que conocer un poco de historia, para saber cuál es el lugar que determinada sociedad «le dio» a ese colectivo social. Por último, hay que tener un poco de empatía para ponerse en el lugar del Otro y sentipensar (como está de moda decir ahora) «si yo fuera una persona con ese fenotipo o ese color de piel, cómo me sentiría si a lo largo de los años la cultura de mi país sólo me diera la oportunidad de verme reflejado/a en determinadas y muy específicas ocupaciones o posiciones sociales, siempre en roles subordinados o socialmente inferiores?».

Si quisiéramos ser una sociedad verdaderamente incluyente (lo que claro, a mucha gente le vale madres, como dirían los mexicanos) debería entenderse lo necesario del cambio del logo de Blancaflor.

En este video en el diálogo con la figura de la «negrita» «retirada» se da una explicación que parece hasta cierto punto coherente, pero que precisamente sólo lo es si se ignoran todos los puntos que menciono antes.

Al terminar la esclavitud, el lugar históricamente asignado a la mujer negra en la sociedad argentina, como en otras, fue el de la servidumbre -como «mucama» o empleada doméstica, cocinera lavandera o, quizás, niñera. Hay una cantidad de avisos que desde por lo menos principios del siglo XX así lo testifican. Es cierto que probablemente muchas mujeres afrodescendientes efectivamente ocuparan ese lugar, pero NO era el único, y en todo caso que lo ocuparan era una muestra de que las cosas no cambiaron tanto con la progresiva desaparición de la esclavitud (de servir gratuitamente, a hacerlo de manera paga pero en las circunstancias desfavorables que sabemos esa posición conlleva).

Aún si, como dice el video, hubieran cambiado la ropa para mostrar una mujer afrodescendiente moderna y «empoderada», la asociación centenaria con la cocina y la servidumbre seguiría intacta.

También, y esto es otro detalle que parece escapársele a la mayoría de quienes se refieren al tema, permanecería la infantilización de la protagonista -otro tropos persistente en la representación de les afroargentines. Es demasiado frecuente que se los representara como niños/as (o muy jovencitos/as) aún ejerciendo ocupaciones que son para personas de más edad. Representarlos mayormente como «negritos» o «negritas» ratificaba, para un sector (no menor) de la sociedad argentina su inferioridad no sólo social sino también psicológica y emocional (y casi genéticamente determinada) (nuestro racismo es antiguo y continuo).

Como siempre, quienes se quejan de la desaparición de los estereotipos (siempre negativos y denigrantes) ligados a les afrodescendientes son personas blancas, que no sufrieron la asociación perpetua y continua de sus características físicas con determinadas ocupaciones o posiciones sociales, ni con discapacidades o inferioridades mentales y emocionales.

Falta, como dije al principio, un mínimo conocimiento de la antigüedad y regularidad de estos estereotipos en la sociedad argentina y de nuestra historia de discriminación, así como la absoluta incapacidad de ponerse mínimamente y aunque sea por un instante «en el lugar de».

El «tierno» recuerdo infantil de unos es la eterna condena a un determinado lugar social de otros.

Maga Pérez y Patricia Gomes, activistas afroargentinas

Para la comunidad afro, es «una buena noticia» lo de Blancaflor, pero advierte sobre otras representaciones» (nota de Telam, 26/5/2021)

Referentes de diversas organizaciones de afroargentinos y afrodescendientes calificaron como «buena noticia» el cambio de imagen de la marca de harina Blancaflor, que ya no incluye la tradicional representación estereotipada de una mujer negra, pero advirtieron que «hay que hacer una autocrítica sobre todo lo que sigue vigente», como el hecho de que en la televisión y en los actos escolares se sigue usando la técnica de maquillaje llamada «blackface».

Maga Pérez, de la Asociación Misibamba de afroargentinos del tronco colonial, dijo a Télam que «sin duda es una buena noticia el cambio, que es una respuesta al trabajo de las organizaciones de la sociedad civil afroargentinas y afrodescendientes en pos de desarticular la naturalización de muchísimas prácticas discriminatorias».

Hasta hace unos días, el logo de esta harina leudante era una mujer afrodescendiente con sus rasgos fenotípicos exacerbados, gorro y delantal blanco de cocinera, pero además con guantes blancos.

Para Pérez, se trata de una imagen «ampliamente estereotipada» por su asociación a «la esclavitud en el período colonial».

«Los guantes blancos indican el lugar de servidumbre porque a los esclavizados se les obligaba a usarlos para no tocar con sus manos los alimentos ni ningún objeto de los dueños de las casas donde trabajaban», contó.

Además, hay actualmente otras marcas que utilizan en sus embalajes estas alusiones discriminatorias a las mujeres afro, como el caso de una conocida golosina con forma y relleno de banana y cobertura de chocolate.

«Hay muchos productos que se unen al estigma del personaje Blancaflor con productos de chocolate, caramelos que llevan determinado colorante», agregó.

Por su parte, la abogada, docente y activista afrodescendiente Patricia Gomes aseguró que «la imagen típica de la negra esclavizada que cocinaba, cuidaba a los niños y hacía las tareas del hogar» sigue vigente también porque «muchas de nuestras tías y abuelas, continúan haciendo los mismos trabajos –que son los más precarizados e informales- como consecuencia de que la pobreza estructural es parte del mismo fenómeno del racismo».

«Hay dos cuestiones: por un lado está buenísimo que después de muchos años años Blancaflor haya cambiado (su imagen corporativa) como parte de un movimiento internacional», agregó Gomes que integra la Sociedad de Socorros Mutuos «Unión Caboverdeana» de Dock Sud, de la Comisión 8 de Noviembre así como de la Organización de Afrodescendientes para la Formación y el Asesoramiento Jurídico (Oafro).

A nivel local, lo vinculó con el cambio experimentado por Nina, la amiga de Zamba en Paka Paka, que ya no lleva delantal ni pañuelo en la cabeza.

«Pero más allá de esto, me preocupa que ya hayan pasado dos décadas del siglo XXI y todavía tengamos muy vigente este tipo de representaciones de las personas afrodescendientes en productos, en publicidades, en la tele», dijo.

En ese sentido, puntualizó que en la televisión y en las redes sociales»se sigue haciendo ‘blackface'», es decir, sigue habiendo personas blancas que se pintan el cuerpo a la manera en que se lo hacía el teatro ambulante de EEUU del siglo XIX para representar a personas esclavizadas, que además eran retratadas de manera caricaturizada y en clave humorística.

«El blackface no solo deshumaniza sino que muestra a las personas negras en una situación de pasividad total, hasta de felicidad como si estar en esa condición de esclavizado es lo mejor que le puede pasar», agregó.

Los actos escolares por el 25 de mayo es otro espacio de socialización donde reaparecen estas prácticas, con el uso de corcho quemado.

«Pero además se representa a las personas negras de la época colonial como vendedores de empanadas o velas como si fuera el único papel que desempeñaron en ese momento», dijo.

«Y eso lo que hace, además de reproducir, estereotipos, es esconder un montón de hazañas de personas afrodescendiente que fueron fundamente en las guerras independentistas, como María Remedios Valle o Josefa Tenorio», agregó.

Y si bien el antiguo logo de Blancaflor no puede considerarse blackface, tiene «la misma raíz racista» y «también el efecto es el mismo».

«Cuestiones que parecen solamente simbólicas, luego se traducen en prácticas concretas en las vidas de nuestras comunidades porque las personas crean que esa es la realidad, y cuando vamos a cualquier lado, te piden que bailes, hacen chistes sobre ser esclava o nos piden de tocarnos el pelo», contó.

Gomes explicó que, en general, quienes incurren en este tipo de comportamiento no tienen conciencia sobre su efecto «reforzador de esa imagen negativa que la sociedad tienen de las personas negras», siempre asociadas «a lo inferior y salvaje».

Prueba de ello mencionó la manera en que Marcelo Tinelli presentó al bailarín afro descendiente Juan Manuel Palao en su programa

«Cuando salió a la pista Tinelli desplegó todo su racismo diciéndole ‘este matambo’ y después le preguntó de dónde era, extranjerizándolo; en un minuto desplegó todo su racismo», dijo.

Para Gomes, este tipo de actitudes son producto del «racismo naturalizado» que no se decodifica como tal ni por quienes incurren en él ni por las audiencias blancas que lo contemplan y que, el caso de Blancaflor, permite que haya quienes reaccionan en contra del cambio, «con nostalgia porque ‘no va a estar más la negrita’ y excluyendo cualquier pensamiento crítico».

«Hace falta una política del Estado fuerte para empezar a desarmar estas cuestiones desde la educación, que es el primer lugar donde se instalan estas ideas con las que crecemos sin que a lo largo de nuestra vida haya alguna instancia donde cuestionarlo», dijo.

Para seguir leyendo:

Frigerio, Alejandro. 2013. Imágenes del «negro» en Caras y Caretas (1898-1910)
Todo es Historia No. 553.

Ghidoli, Marilú. 2016. Estereotipos en negro. Representaciones y autorrepresentaciones visuales de afroporteños en el siglo XIX.   Rosario: Prohistoria

Lamborghini, Eva y Lea Geler. 2016. Presentación del debate: Imágenes racializadas: políticas de representación y economía visual en torno a lo “negro” en Argentina, siglos XX y XXI.  Revista Corpus 6(2).

 

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