Día Nacional de las/os afroargentinas/os y de la cultura afro: Múltiples perspectivas sobre una fecha necesaria (Tercera entrega)

A 7 años de la sanción de la Ley Nacional que establece al 8 de noviembre como el Día Nacional de las/os afroargentinas/os y de la cultura afro, el Grupo de Estudios Afrolatinoamericanos (GEALA) convocó a personas de distintos ámbitos para reflexionar de manera conjunta sobre esta celebración, bucear en las expectativas que generó la ley 26.852 de 2013 y hacer un balance entre metas logradas y el largo camino que queda por recorrer. Agradecemos a quienes aportaron desde su experiencia y perspectivas al contenido de esta publicación (así como también a aquellxs que por motivos de agendas no llegaron), en especial a los afrodescendientes y africanes en y de Argentina que colaboraron a título personal o como parte de organizaciones afro.

Debido al éxito de la convocatoria, organizamos las reflexiones en varias entradas para que así, cada testimonio pueda tener el peso necesario en el conjunto más amplio de las contribuciones. El orden en que aparecen sus valiosas palabras solo refleja un criterio alfabético. Esperamos que esta publicación aporte un insumo relevante para la concientización en un tema aún desconocido por la mayoría, así como a la posibilidad de seguir leyéndonos y conociéndonos, enriqueciendo el debate, la pluralidad y las convergencias en el reconocimiento afro y la lucha contra el racismo. ¡Muchas gracias a todes!


Significado del 8 de Noviembre a 7 años de la promulgación de la ley

Alejandro Elvio Ludueña, afrocordobés

Alejandro junto a su mamá Francisca Elba Urán

Sin lugar a dudas la promulgación de la ley fue un hecho trascendente para toda la comunidad afrodescendiente y representó un avance importante en el proceso de visibilización largamente reclamado por todas las agrupaciones. Ahora bien, ¿qué incidencia tuvo? Al menos en Córdoba una de las apariciones más importantes es la constitución de LA MESA AFRO, que lleva adelante una importante difusión de la cultura AFRO en nuestra Ciudad y en gran parte de la provincia, por ejemplo con un programa de Radio EL QUILOMBAZO DE LOS VIERNES, transmitido por FM 103.9 Radio Comunitaria La Ranchada, como así también encuentros y seminarios. Otro hecho importante es la creación de innumerables seminarios y academias de danza afro, y una profundización de la investigación de los aportes en la música y fundamentalmente la puesta en escena de los mismos. En cuanto a la currícula en las escuelas, todavía es incipiente pero se avanza. Entiendo que si bien por primera vez tenemos una afrodescediente como embajadora en el Vaticano, que en sí mismo es un reconocimiento, faltan acciones positivas por parte del Estado y aclaro Estado no gobierno, esto quiere decir profundizar las acciones positivas en pro de las comunidades y agrupaciones. En fin, siempre faltan cosas, pero desde el 2010 se han producido avances importantes, entre ellos la promulgación de la ley. Tomo como referencia el año 2010 ya que gracias al trabajo de todas las agrupaciones, se pudo incluir un punto sobre la ascendencia afro, que si bien fue poco fue un avance importante. A modo de conclusión, siempre faltan acciones y difusión por parte del Estado, para superar la invisibilización de los afro descendientes, pero de igual manera se han producido avances, lo cual es digno de celebrar.


Una ley que necesita reglamentación extensa y detallada

Babalorixá Pedro (Mallorca) de Ogun, Líder afrorreligioso e integrante de la Comisión Organizadora del 8 de noviembre

Cuando se sancionó la ley, pensé que habíamos ganado un instrumento de gran relevancia para la comunidad. Primero, porque fue sancionada como ley en el Congreso de la Nación, y segundo, porque se basó en la fecha de fallecimiento de la capitana María Remedios del Valle, nombrada por el General Belgrano por su rol principal en el Ejército Libertador, siendo la primera mujer afrodescendiente reconocida en nuestra historia -revalorizando así el aporte de los Afroargentinos en el ser Nacional. Si bien la ley estipula que el Ministerio de Cultura de la Nación debe hacerse cargo de las festividades correspondientes y el Ministerio de Educación de la Nación de la incorporación de la temática en la currícula escolar, es un hecho que nada de esto ha ocurrido desde el 2013 hasta la actualidad. Considero que es necesario que la ley posea una reglamentación mucho más extensa y detallada, y que podamos discutir con las Comisiones en el Congreso con la finalidad de que se implementen de forma real las políticas públicas que esperamos se lleven a cabo con el fin de que tal fecha pueda ser expresada, reconocida y entendida en todos los ámbitos del país, haciendo énfasis en el plano sociocultural / educacional, y proyectando que la misma sea un feriado a nivel Nacional.


Mis ancestros, ayer, hoy y mañana

Virginia Martínez Verdier, Afroporteña, Psicóloga. Prof. de Psicología. Sexóloga. Investigadora Genealógica y de Afrodescendencia. Cantante de música popular argentina y francesa

Abuelos paternos de Virginia, en su casamiento. Cleto Marcelino Martínez y Carolina Eufemia Lorán, 1905

Tengo 66 años. Soy afroporteña del tronco colonial en 5ª generación. Siempre supe que mi abuelo Cleto era “negro”. Me lo dijo mi papá, con mucho orgullo por su padre. No lo conocí, murió 25 años antes de que yo naciera.  También sabía que mi papá era “mulato”. En aquellos tiempos las palabras “negro” y “mulato” marcaban una identidad, mi papá no las vivía como discriminatorias. En mi escuela secundaria, en un libro de historia encontré que yo era “morisca” (mezcla entre blanco y mulato), y ese descubrimiento me dio una gran alegría, me sentía perteneciente. Sólo dos veces en mi vida me sentí discriminada por mis orígenes: cuando me dijeron “Esa negrita” despectivamente y cuando me dijeron “¡No te preocupes, no se te nota!” Mi papá fue un hombre muy querido y admirado y nunca mencionó haber sido discriminado. ¿Tal vez porque somos “negro usted”? El 8 de Noviembre me conecta con el reconocimiento histórico de nuestra presencia afro en la Argentina. Fuimos, somos y serán afro mis descendientes aunque el gen se haya ido  haciendo cada vez más recesivo. Ilusiono que, según la genética, el gen afro pueda hacerse dominante en una futura generación. Volveremos y ya la historia no se repetirá. Los afro ya somos y seremos reconocidos como la tercera pata de la identidad argentina.


Avances que aún no son suficientes

Yael “Bonga” Martínez, Coordinador del Programa Afro Cultural de la CABA

La promulgación del 8 de Noviembre como Día Nacional de los/as Afroargentinos/as y de la Cultura Afro, fue un paso importante para el movimiento afro en Argentina. Un movimiento que gracias a esta ley encontró  mayor permeabilidad en los organismos estatales y potenció la voz de la comunidad. Aunque estamos hablando de un avance, hay que resaltar que claramente no es suficiente, estando en pleno Decenio Internacional para los/as Afrodescendientes (2015-2024), cuyos ejes principales son reconocimiento, desarrollo y justicia, las pocas iniciativas concretadas que tuvo el Estado hasta ahora están ligadas casi exclusivamente al reconocimiento en términos de visibilidad, con el adicional de que tampoco estás tienen las dimensiones necesarias para desarticular el racista relato instalado en nuestro país desde sus orígenes y reproducido hasta la actualidad desde estructuras gigantes como lo son de Educación y Medios de Comunicación. Habiéndosenos escapado medio decenio de las manos, estamos en una instancia en la cual es sumamente necesario el desarrollo de políticas que aborden de un modo integral la realidad de la población afro y leyes que realmente impacten positivamente en el bienestar de nuestras comunidades.


Un reconocimiento del pueblo y el estado argentino

Francilene Martins, periodista, cofundadora de Noviembre Negro

El 8 de Noviembre y el lugar que ha ocupado en el calendario argentino es, para mí, el resultado de la lucha de muchos años del movimiento afrodescendiente de la Argentina. La Argentina venía de una invisibilidad de sus raíces africanas. Pese a la existencia, a lo largo de su historia, de personalidades de claro perfil afro, el lugar común era que en Argentina no había afrodescendientes.

El 8 de Noviembre es un reconocimiento del pueblo y el estado argentino al importante caudal que la africanidad aportó a la construcción de la Argentina actual. Desde el rescate de María Remedios del Valle y su entronización como Madre de la Patria hasta la incorporación de las reivindicaciones de los afrodescendientes en el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, las políticas públicas del Estado argentino han quitado ese velo que ocultaba nuestra existencia, nuestra sobrevivencia y nuestros aportes a la vida y cultura del pueblo argentino, del cual formamos parte.


8 de noviembre: un reconocimiento e impulso para la construcción colectiva de un nuevo imaginario nacional

María Agustina Barrachina, historiadora, Geala, Universidad de Buenos Aires

El 8 de noviembre significa el reconocimiento de la lucha que han dado y que están dando les afrodescendientes en las últimas décadas, para visibilizar que el pueblo de la Argentina también desciende de otros barcos, los esclavistas. Pone en relieve que les africanes esclavizades y sus descendientes han realizado innumerables aportes a la historia y cultura de nuestro país desde la época colonial. A la vez, la figura de María Remedios del valle nos recuerda que fueron agentes de la historia y no solo “carne de cañón”, mostrando también la importancia del accionar de las mujeres. Si bien todavía queda mucho por hacer para que la población argentina en su totalidad deje de pensarse como blanca, desde nuestro lugar les historiadores debemos reconstruir la dinámica de los procesos de racialización, discriminación e invisibilización que se dieron particularmente en Argentina, ayudando a la deconstrucción del imaginario nacional y la reconstrucción de otro nuevo.


La segmentación étnico-racial del mercado de trabajo continúa siendo tributaria de aquél orden colonial

Nicolás Fernández Bravo, antropólogo y analista principal de políticas de empleo. Geala

El 8 de noviembre es el resultado de un proceso iniciado por un grupo de afrodescendientes en su lucha por lograr reconocimiento y visibilidad por parte de la sociedad y el Estado. Sin embargo, el reconocimiento y la visibilidad pueden resultar engañosas: reconocimiento, ¿de qué tipo? Visibilidad, ¿para qué?

La esclavización de personas africanas para ser vendidas en las Américas como mercancía, fue un proceso de despojo violento que se dio en el marco de la expansión de la economía capitalista. Su función principal fue la de proveer una descomunal fuerza de trabajo sometida a condiciones degradantes, pero también para el desempeño en oficios serviles y desprovistos de una proyección digna. Las resistencias y luchas ofrecidas por aquellas personas no alcanzaron para desmontar las jerarquías raciales impuestas por el orden pigmentocrático colonial. Si bien el mundo contemporáneo es –como se suele afirmar– “mucho más complejo”, la segmentación étnico-racial del mercado de trabajo continúa siendo tributaria de aquél orden colonial, especialmente en los trabajos de menor calificación, mayor precariedad y con obstáculos tácitos para garantizar la movilidad social.

Una de las peculiaridades de las lógicas del racismo contemporáneo radica en que, incluso cuando este resulta evidente, no es fácil de transformar. El mundo del trabajo –las relaciones entre las personas trabajadoras, sus representantes, los dadores de trabajo y el Estado– es el locus classicus del racismo. Sin embargo, las medidas impulsadas por el Estado han sido insuficientes para transformar el legado colonial que aún hoy condiciona la movilidad laboral de las personas afrodescendientes. Las iniciativas de reconocimiento y visibilidad deben ir acompañadas por políticas públicas que impacten en la vida real de las personas. De lo contrario, un trabajo no declarado seguirá siendo un trabajo en negro, y si una persona trabaja a destajo, se dirá que lo hace como un negro. Aún entrado el Siglo XXI.


¿»Hasta acá llegamos»?

Alejandro Frigerio, Antropólogo, investigador del CONICET, Geala

La creación del «Día Nacional de los/as afroargentinos/as y de la cultura afro” es un logro que no debe ser menospreciado, pero cuyo impacto real hasta el momento tampoco debe ser sobredimensionado. Constituye una inédita, muy necesaria y demorada visibilización estadual de la existencia de les afroargentines, incentivada -además de por la presión del movimiento afro local- por la obligación de cumplir con una serie de tratados internacionales sobre el tema.

Es paradójico que su sanción pueda, crecientemente, parecer también una excusa para no crear políticas públicas que profundicen en lo prometido o dictaminado por la propia ley. Parece ser un «hasta acá llegamos» (cuando no un «¿qué más quieren?»): una medida de reconocimiento fundamental pero acotada a una celebración anual, de mayores o menores dimensiones según la permeabilidad a los reclamos de los funcionarios de turno que por ahora no tiene mayores efectos masivos. Al respecto, cabe preguntarse: ¿Cuántas argentinos/as saben de la fecha más allá del circuito de los simpatizantes -por motivos étnico-raciales, políticos o culturales- con la «causa afro»? ¿Qué tanto han cambiado realmente los contenidos curriculares del sistema educativo y dónde están las políticas públicas que visibilicen y apoyen a la cultura afro en sus distintas disciplinas -como prometían los artículos 3 y 4 de la referida ley?.

Este nuevo gobierno ha brindado algunos gestos positivos e inéditos: designó a una afroargentina como embajadora, reconoció ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos la responsabilidad del Estado en el asesinato del activista José Delfín Acosta Martínez en 1996 y está organizando un ambicioso concurso sobre la vida de María Remedios del Valle que abarca varios géneros artístico-literarios.

Veremos si la agenda de consecución de derechos se profundiza o si se continúa con los gestos mayormente simbólicos.


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